Virginia Espejo se quedaba finalmente fuera del corte en la Copa Lalla Meryem de Agadir. Un bogey en el 18 tras fallar un putt de un metro terminaba de apartarla del fin de semana. Sin embargo, la madrileña ya está viendo la luz al final del túnel. Sin prisa pero sin pausa…
Virginia Espejo se quedaba finalmente fuera del corte en la Copa Lalla Meryem de Agadir. Un bogey en el 18 tras fallar un putt de un metro terminaba de apartarla del fin de semana. Sin embargo, la madrileña ya está viendo la luz al final del túnel. Sin prisa pero sin pausa…
Un 2013 muy complicado de aterrizaje y adaptación puso a prueba su templanza y su coraje, pero ella ha tomado la determinación de aprobar con nota este examen. Y ya se sabe que se aprende mucho más de los errores y tropiezos que de los éxitos… “En 2013 aprendí que las prisas no son buenas, que tenía que trabajar mucho algunos cambios en el swing para hacerlo más estable, que la paciencia es la madre de la ciencia y que si no creo yo en mí, quién va a creer”, asegura.
Virginia reconoce que focalizó demasiado la atención en asuntos que iban más allá de su juego y de lo que ella podía controlar. Por ejemplo, las expectativas que había levantado su fulgurante llegada al circuito europeo. Hoy tan solo pretende cerrar filas con su grupo de trabajo. “Tengo un grupo de trabajo muy bueno y sólo me importan ellos y lo que ellos piensen. No sé cuánto tardaré en jugar bien, pero sé que lo voy a conseguir. Cambié de entrenadores en junio porque necesitaba cambiar algo, no porque ellos tuvieran la culpa de nada. Estoy trabajando muy duro y sé que todavía he dado un porcentaje muy bajo de lo que yo puedo dar. A lo mejor necesito un año más, o dos, o cinco, o a lo mejor seis meses, no sé, pero soy muy afortunada porque mi grupo está conmigo, y los espónsores también a pesar del mal año que pasé”.
Espejo está convencida hoy de que todo lo bueno tiene que ir llegando en su carrera poco a poco, a su tiempo, y que la gente (medios, aficionados…) no puede pretender que todas las chicas sigan exactamente los pasos de las mejores. “Estamos mal acostumbrados. Ahora resulta que todo el mundo tiene que ser Carlota o Azahara, cuando mi carrera ha sido atípica porque no destaqué como amateur y el año pasado llegué al circuito sin saber nada. De repente estaba viajando y jugando con jugadoras a las que veía por televisión. Este año estoy más madura, sé cómo moverme y conozco más el circuito por dentro”.
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