El golf es un deporte de repetición y es más fácil y placentero de lo que parece. Pero sin pasión no hay golf.
El golf es un deporte de repetición y es más fácil y placentero de lo que parece.
Pero sin pasión no hay golf.
Notar la brisa y el sol en la cara mientras recorres los casi 10 kilómetros que se pasean en un campo de 18 hoyos no tiene parangón. Sentir el drive entre los dedos y mandar la bola lejos, lejos y cerca, cerca del green, es una sensación difícil de describir si no juegas al golf.
A pesar de los teóricos, el golf sólo tiene dos secretos: distancia y dirección. Evitar la tentación tan recurrente de querer pegar la bola cada vez más larga con el drive, algo natural pero muy dañino. La distancia se adquiere a través de la experiencia, cuando el swing es cada vez más certero y más natural.
En el golf, al contrario que en el tenis, pádel, fútbol, béisbol, etc, la bola está inmóvil, esperando que la golpees. Y una vez la bola está en el aire, es una cuestión de energía, de potencia. Pero cuidado, la bola puede acabar en lugares insospechados si no se canaliza esa fuerza al golpearla.
El golf da para mucho. Es un deporte que brinda la oportunidad de convivir con compañeros durante cuatro horas en el campo, en el transcurso de las cuales surgen anécdotas de todo tipo.
El que lo prueba está perdido irremediablemente. Es un flechazo en toda regla, un amor para toda la vida. En su contradicción está su mayor atractivo, el golf es el segundo deporte más técnico, solo superado por el salto de pértiga.
Si nunca has ido a un campo de golf, acércate, te estamos esperando.
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