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Sin prisa pero sin pausa

En golf no hay que tener prisa, más bien hay que ser paciente. Se va avanzando poco a poco, levantando decenas de chuletas, perdiendo cientos de bolas en el rough o en el lago y pegándole muchas veces al aire antes de conseguir un birdie.

Andrés Navarro, técnico de la RFGM, asistiendo a una participante del Circuito Interescolar

El golf es donde todos, buenos y menos buenos, caen. Lo verdaderamente importante es aprender a jugar en la incomodidad y el desencanto para hacer pocos golpes. Empezar a jugar al golf es difícil, pero a la vez es apasionante comprobar la mejora día a día.
El golf es la gran escuela de la humildad. Puede ser un juego aéreo, ligero, relajado, exuberante, divertido, en soledad o acompañado y siempre generoso en emoción. Pero también puede ser un juego ingrato si no le das un mínimo de actitud. El golf castiga y ridiculiza de tal manera que la actitud sufre auténticos descalabros. De un día bueno le siguen treinta malos. 
A su vez, este deporte promueve no sólo la salud física, sino la fuerza moral y la auto superación. Supone un barrido de nuestro desasosiego mental, un antídoto a la preocupación y una llamada a la armonía.
Todos los que practican este deporte saben que empezar a jugar al golf es un proceso largo y frustrante. Mucha gente piensa que este deporte es fácil, sin embargo, el golf es el segundo deporte más técnico, después del salto de pértiga.
Y todos los golfistas profesionales coinciden en comentar que no hay que tener prisa. 


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