Pocas valoraciones se pueden hacer de la actuación de Miguel Ángel Martín y Santiago Luna en el Senior PGA Championship, más allá de la extrema crueldad con la que el campo de Indiana se ha cebado con los nuestros.
Pocas valoraciones se pueden hacer de la actuación de Miguel Ángel Martín y Santiago Luna en el Senior PGA Championship, más allá de la extrema crueldad con la que el campo de Indiana se ha cebado con los nuestros.
Bien es cierto que han sido sus resultado los que les han sacado del corte, pero también es verdad que les ha pasado más factura la falta de competición que la dificultad del propio campo. No hay más que ver los resultados de los hombres que juegan semana tras semana en el Champions Tour y compararlos con los de los jugadores que sólo disputan el European Senior Tour, un circuito que, a estas alturas del año, aún no ha empezado.
Pero como lo justo no es disculpar errores sino valorar los resultados, lo cierto es que a ninguno de los dos madrileños les resultó fácil restar golpes a sus tarjetas. Todo lo contrario. Los bogeys se sucedían con una indeseable regularidad, especialmente en la cartulina de Martín a quien poco le ayudó el eagle y los dos birdies que firmó antes del 18, para rebajar los 80 golpes con los que completó su segundo recorrido.
Mejor fueron las cosas para Luna que acabó la vuelta con 75 golpes, rebajando en cinco el resultado del primer día. Un marcador que resultó insuficiente para aminorar la carga de los 80 impactos iniciales que le obligaron a abandonar el torneo anticipadamente.
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