Notar la brisa y el sol en la cara mientras recorres los casi 10 kilómetros que se pasean en un campo de 18 hoyos no tiene parangón. Sentir el poder del drive entre los dedos y lanzar la bola lejos, muy lejos, para luego acercarla con precisión milimétrica al green, evoca una sensación cercana a la ingravidez, a un breve y sublime vuelo.
Nubes rampando por el campo de golf
Un informe de EY, con el golf como caso de estudio, estima que la rebaja no restaría recaudación
La universidad celebrará una jornada de puertas abiertas el próximo 17 de octubre en su campus de Madrid, donde dar...
Alejandro Durrels y José María García Soisa firmaron dos hoyos en 1 seguidos en el mismo hoyo y en el mismo partido