Situamos la acción. Florida. Noche anterior a la última ronda de la semifinal de la Escuela del mejor circuito femenino del mundo, el LPGA Tour. Marta Sanz llega a su habitación después de otro duro día y repasa las clasificaciones.
Situamos la acción. Florida. Noche anterior a la última ronda de la semifinal de la Escuela del mejor circuito femenino del mundo, el LPGA Tour. Marta Sanz llega a su habitación después de otro duro día y repasa las clasificaciones.
No hace falta calculadora, ni siquiera papel y lápiz, los números están muy claros. Pasan a la final las ochenta mejores y empatadas y Marta se encuentra justo en ese puesto. Necesita una buena vuelta final. Máxima presión. ¿Problemas? No para Marta. Cuando más aprieta la soga, más a gusto se encuentra. “Hombre, no es agradable, preferiría llegar a la última ronda tercera y con muchos golpes de ventaja, pero bueno, la verdad es que me gusta la presión, rindo bien en esas situaciones”, explica.
Y tanto que rinde bien. En los nueve primeros hoyos ya marchaba cinco bajo par y acabó firmando una 66 espectacular, la mejor vuelta del día en el Plantation Golf Resort de Florida. “Al cabo de seis o siete hoyos ya veía que era uno de esos días en los que todo te sale. Todo lo compaginé. Pegué bien desde el tee, buenos hierros y estuve cómoda en los greenes. La mayoría de los birdies fueron desde menos de dos metros”, describe.
Marta se clasificó por la puerta grande. Su vueltón final la colocó en el duodécimo puesto, aunque eso realmente era lo de menos. No es la primera vez que Marta saca lo mejor que lleva dentro cuando ya no hay margen de error. Sin ir más lejos, esta temporada ha jugado cuatro torneos del LET Access, segunda división del Ladies European Tour. En los tres que se jugaron tres días firmó su mejor tarjeta el último. Ojo a los números: 67, 66 y 65. De hecho, ese 65 le dio la victoria en Suecia. Esta madrileña es una cosa muy seria los últimos días.
Esta capacidad para soportar la presión le viene de lejos. “Recuerdo que mi padre ya me lo decía cuando era pequeña. Cuando jugaba relajada no me iba bien. Considero que tengo bastante garra. No seré la que mejor le pega, pero la presión siempre me ha ayudado. No obstante, aún no he hecho nada, queda la final, que es lo más duro, donde están las mejores y serán cinco días dificilísimos. Ojalá lo consiga porque es mi objetivo número uno. La historia dice que son muy pocas las que lo consiguen viniendo como yo desde la primera fase, así que será mejor no mirar mucho a la historia”, señala entre risas.
La alegría no pudo ser completa en Florida, ya que Marta estaba allí con su hermana Patricia, que también competía por un puesto en la final. La mayor de las Sanz no se clasificó. “Fue un palo muy duro. Es más agrio el sabor de que ella no se metiera que la alegría de conseguirlo yo”, matiza.
Ahora, sus cinco sentidos están puestos ya en esa final en diciembre. “Voy a jugar dos torneos del LETAS, en Creta y Londres, los dos últimos, y después a entrenar a muerte para la final. Lo voy a poner todo de mi parte, por trabajo no será”, asegura convencida.
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