Portugal Masters, torneo de altura en el circuito europeo. Se repiten las grandes y pequeñas rutinas de cada semana de competición. Los lunes se destinan a la intendencia, más que nada: el circo del golf se desplaza por tierra mar y aire de un lado a otro, se rematan carpas, se ‘afilan y enderezan’ palos en los camiones, los coches de cortesía redoblan esfuerzos, aeropuerto va, aeropuerto viene...
Portugal Masters, torneo de altura en el circuito europeo. Se repiten las grandes y pequeñas rutinas de cada semana de competición. Los lunes se destinan a la intendencia, más que nada: el circo del golf se desplaza por tierra mar y aire de un lado a otro, se rematan carpas, se ‘afilan y enderezan’ palos en los camiones, los coches de cortesía redoblan esfuerzos, aeropuerto va, aeropuerto viene...
Algunos jugadores, es cierto, ya aprovechan para trabajar en el campo de prácticas y para jugar el recorrido, en este caso el Oceanico Victoria (Vilamoura, El Algarve, Portugal). Hay quien, incluso, ya lo ha hecho el domingo. Pero son los menos. El jaleo de verdad comienza el martes.
Este día se admiten apuestas en las partidas que se van organizando. Nada que tumbe la economía de nadie, no nos equivoquemos. Sólo se trata de ponerle algo de picante. De algún modo, hasta ayuda a meterse en faena. Y a estos chicos, no nos engañemos, lo que les gusta es competir. Te juegues un cheque de trescientos mil euros, de jueves a domingo, o una comida.
Hay partidos sagrados y parejas indestructibles que se repiten con asiduidad. Hay piques concretos que nacen y mueren y duelos que hasta se organizan en el vestuario del torneo anterior. Españoles e italianos suelen mezclarse con bastante frecuencia. Así, este martes nos encontramos con un apasionante Alvaro Quirós/Matteo Manassero frente a Nacho Elvira/Andrea Pavan.
Si atendemos a las trayectorias y el palmarés de unos y otros, no hay color. Manassero y Quirós tienen las de ganar. Pero ellos, los profesionales, saben que a la hora de la verdad no cuenta tanto el currículo. Sobre todo si Pavan anda por medio, un gran pateador. Y aún menos cuando se comprueba que Elvira pasa por un buen momento de juego (“a ver si alguna vez consigo jugar bien los fines de semana”, nos explica). La modalidad elegida en este caso es bien sencilla: se juega a mejor bola y en caso de igualdad desempata la peor.
Los favoritos controlan durante casi todo el recorrido. Uno arriba, dos arriba… En el green del hoyo 10, poco antes de que Matteo patee para birdie desde metro y medio, su compañero pone el listón bien alto: “tenemos que hacer nueve menos entre los dos desde aquí hasta el final”. A birdie por hoyo, con la posibilidad de hacer también algún eagle…
El caso es que, sin llegar a esa media de acierto, la pareja se anota birdies en los hoyos 10, 11, 12, 14 y 15, y en la recta final el partido está casi visto para sentencia. Quirós y Manassero dominan dos arriba en el tee del hoyo 16. Sin embargo, terminarán perdiendo tras ceder todos y cada uno de los hoyos desde ese momento y hasta el final.
“Ha sido todo corazón, no tanto el talento”, afirma rotundo Nacho Elvira, sonriendo. La realidad es que hubo de todo. Y talento, mucho.
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