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Las historias del capitán

Revuelo en la puerta de acceso a la casa club del Oceanico Victoria de Vilamoura. Se ha montado una tertulia improvisada. En el centro está Paul McGinley. El irlandés, capitán en Gleneagles, está contando historias de la Ryder Cup. A su alrededor se agolpan jugadores, caddies y todo bicho viviente que quiera acercarse y poner la oreja. Sin duda, es una de las mejores maneras de pasar el tiempo cuando hay una suspensión por lluvia.

Revuelo en la puerta de acceso a la casa club del Oceanico Victoria de Vilamoura. Se ha montado una tertulia improvisada. En el centro está Paul McGinley. El irlandés, capitán en Gleneagles, está contando historias de la Ryder Cup. A su alrededor se agolpan jugadores, caddies y todo bicho viviente que quiera acercarse y poner la oreja. Sin duda, es una de las mejores maneras de pasar el tiempo cuando hay una suspensión por lluvia.

Jornada larga y tediosa en el Portugal Masters. El segundo día comenzó con retraso y la lluvia obligó a detener más tarde la jornada durante casi tres horas. Días así ponen a prueba la paciencia de los jugadores, por cierto cualidad la paciencia con la que no conviene andar jugando cuando eres golfista. No es precisamente la virtud más extendida en este bendito deporte.

Todos sabemos lo que hacen los jugadores cuando el torneo está en marcha. Unos están jugando y otros emplean el tiempo en sus rutinas, ya sean pre o post vuelta. Pero, ¿qué hacen cuando hay un parón tan prolongado como el de hoy? ¿Cómo ocupan esas horas muertas?

Pues, como pueden imaginarse, hay de todo. Para empezar, hay que dejar claro que si te toca vivir un día de estos, puedes dar gracias al cielo de que sea en Portugal. Desde el punto de vista de la infraestructura es uno de los torneos más cómodos del año. Gran parte de los golfistas se alojan en el propio hotel del campo, una delicia. De la habitación al putting green puedes tardar cinco minutos andando tomándotelo con tranquilidad. Y si no estás en el hotel, los alrededores del Oceanico Victoria están plagados de apartamentos para alquilar una semana. Aquí, el coche de cortesía es prácticamente un artículo de lujo. Hay otros torneos en los que el trayecto entre el hotel y el campo puede demorar hasta una hora.

Así las cosas, la mayoría de los jugadores pasan el tiempo en sus respectivas habitaciones, algunos aprovechan para echar una cabezadita, otro ven la televisión, escuchan música y aprovechan para visionar aquel capítulo de su serie favorita que tenían pendiente.

Los que no se han marchado del campo, ni están en el corrillo de McGinley, se diseminan entre el camión de los fisios, la casa club y la sala donde comen los jugadores. Más tertulias. Muchos consumen el tiempo con sus móviles o tabletas. Es un buen momento para mantener esa charla por skype. Fundamental en estos días tener todos los dispositivos a tope de batería.

Eso sí, el rey de la suspensión entre los españoles es Álvaro Quirós. El golfista de Guadiaro ni siquiera ha venido al campo. No le hace falta. Vive en Vilamoura, exactamente a seis minutos en coche. Un lujo.

 

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