Íñigo Sobrini, ingeniero agrónomo y forestal, lleva ligado al golf toda la vida. Es consultor medioambiental especializado en campos de golf de ICMA – Ingenieros Consultores Medio Ambientales (www.icma.es) y una voz muy autorizada para comentar la importancia que tienen los campos de golf de Madrid.
¿Qué supone para una ciudad como Madrid tener campos de golf dentro del núcleo urbano?
Es muy importante, porque supone un esponjamiento de la trama urbana y mejora de la calidad visual y del aire, por absorción de contaminantes de la atmósfera.
¿Qué características naturales tienen estos recorridos que les hace diferentes de los de la costa?
La diferencia fundamental viene determinada por el clima que disfrutamos en Madrid. Un campo de golf es un ser vivo, no deja de ser una enorme plantación que tiene especies arbóreas, de césped en su mayor parte, y tiene que estar lo más adaptado posible al medio. En función de esa mayor o menor adaptación va a venir el impacto en su entorno. Si un recorrido está diseñado con especies vegetales no adaptadas van a necesitar más agua, más tratamientos de mantenimiento y va a suponer un gran impacto medioambiental. Si, por el contrario, está bien diseñado con especies autóctonas, ni será una agresión al medioambiente si conllevará un consumo extraordinario de agua.
¿Qué entendemos por «consumo extraordinario de agua»? Es el gran talón de Aquiles del golf español...
Es un gasto excesivo determinado en comparación con el consumo del colectivo agrícola de regadío, por ejemplo. Obviamente, el golf consume agua, pero puede ser un consumo admisible para lo que reporta a la economía en su conjunto.
¿Aquí los campos son respetuoso con el medio ambiente?
El sector del golf de Madrid, en su conjunto, ha hecho un esfuerzo muy importante por adaptarse a las exigencias medioambientales de la sociedad en general. Los campos más veteranos se hicieron con unos criterios en los que el medio ambiente no era una prioridad, pero poco a poco se han ido adaptando para asumir como propios los criterios de gestión ambiental que propone la sociedad moderna. Los proyectos que se han desarrollado últimamente, unos diez, sí se han construido con unos criterios adaptados a su entorno; los impactos durante la obra se han minimizado y la gestión medioambiental que en ellos se realiza es, en muchos casos, modélica.
Los golfistas, por propio interés, son los primeros en mirar por la ecología. ¿Qué consejo les puede dar para ver los campos con otros ojos y disfrutar de la naturaleza al máximo, no sólo del deporte?
El jugador que se preocupa por el medio ambiente debe cambiar el chip cuando va a jugar al golf y no fijarse sólo en las superficies de césped, sino por lo que tiene alrededor de las calles. Que cuando vea una superficie sin segar y de aspecto descuidado piense que, quizá, el objeto de esa zona del campo sea crear un entorno adecuado para que se desarrolle la fauna en ella. Es lo que en el argot llamamos los santuarios de fauna o las reservas de fauna. En los campos de Madrid hay numerosos lugares así. En estos espacios se consigue que crezcan especies de hoja ancha y de muchos otros tipos que florecen; con ellos se consigue un equilibrio entre todo tipo de especies, para que haya una diversidad de animales que encuentren su cobijo, su fuente de alimentación y un lugar donde reproducirse y desarrollarse.
Golf y naturaleza van de la mano. En una siguiente entrega, el experto Íñigo Sobrini ofrecerá más claves para acabar con los estereotipos que muchas veces los enfrentan.
Fuente: Diario ABC
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