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El juego en la arena

Los bunkers en un recorrido de golf tienen la finalidad de proteger a los greenes. Pocos aficionados apuntan a los bunkers, lo último que quieren es quedar atrapados en ellos. Son auténticas ratoneras de arena que produce mucha angustia, pero, si sales airoso, la confianza en tí mismo sube al Olimpo de los dioses.

Saliendo del bunker

La historia de los bunkers se remonta a los viejos campos de pastoreo de ovejas en las costas escocesas, azotadas por el viento gélido y racheado. Para protegerse de los vendavales, las ovejas se metían en las hondanadas que se formaban en el terreno. Cuando los escoceses empezaron a utilizar esa tierra para jugar al golf, vieron que podían aprovechar las obras que les habían dejado las ovejas.

 

En aquella época, los bunkers se ubicaban en lugares que representaran una amenaza para ciertos golpes. Más adelante, los diseñadores de campos de golf los ubicaron para penalizar los golpes desviados. De ahí que no se vean bunkers en el medio de una calle, sino a los lados.



Acechan todos los greenes, bien sea por la derecha, por la izquierda, por delante o por detrás, y  en muchas ocasiones por varios sitios a la vez, protegiéndolos de forma retorcida para llenar de incertidumbre la trayectoria de la bola en su camino hacia la bandera. 

 

Pueden convertirse en auténticas ratoneras de arena, pero hay ocasiones que son estupendas desde el punto de vista estratégico. Apuntar a un bunker, por ejemplo, es un golpe de aproximación largo y difícil. Los profesionales saben que dar dos golpes (uno para salir del bunker y otro para embocar) puede ser más fácil que desde la zona de césped que la rodea, donde la hierba es larga y espesa.

 

El palo a utilizar es el sand wedge, hacer un swing con suavidad y completo, con energía suficiente para que la bola salga de la arena. La bola entre el centro y el pie izquierdo, recayendo el peso del cuerpo más sobre el lado izquierdo.


 

Son auténticos cepos de arena que producen mucha angustia, pero, si sales airoso, la confianza en tí mismo sube al Olimpo de los dioses. 

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