El golf es magia y seriedad. Una combinación difícil y explosiva que está al alcance de cualquiera, pero sin dejar que un día de golf esté a merced de ninguna suerte. No se lo merece.
El golf es magia y seriedad. Una combinación difícil y explosiva que está al alcance de cualquiera, pero sin dejar que un día de golf esté a merced de ninguna suerte. No se lo merece.
Una espectadora de la pasada edición del Open de España en el Club de campo Villa de Madrid le decía a un jugador después de un golpe magistral:
-Ha tenido usted mucha suerte.
El jugador profesional la miró, guardó un instante de silencio pulcro de caballero y afectuosamente le dijo:
-Es verdad, he tenido suerte, y cuanto más practico más suerte tengo.
La suerte en golf es la quimera y la salvación, el engaño a uno mismo, la evidencia de nuestras carencias en el campo. Nadie dijo que esto era fácil y nadie sabe mejor que uno mismo que la suerte no existe. No aceptar las limitaciones del momento y jugar limpio de superstición y de azar es un triunfo que recompensa con buenos resultados.
La única suerte es practicar y mentar la suerte trae mala suerte. La única manera de estar bien con los dioses del golf es aceptar, callar y seguir adelante. Jugar y dejar que el golf sea un juego donde seamos la suerte es el último eslabón, la puerta final a ser un golfista completo.
El primer paso es dejar de fantasear y admitir nuestras carencias para mejorarlas.
El golf es grande y todos podemos serlo con él. Su grandeza reside en la grandeza de uno mismo y es el fiel reflejo del alma y de la personalidad. Aunque a veces parezca lo contrario, el golf es un amigo. Si lo tratamos así, seremos recompensados.
El golf es extraordinario.
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