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Equilibrio perfecto con el medio ambiente

El equilibrio entre nuevos campos de golf y el respeto al medio ambiente es tan importante no sólo por ser este respeto un valor de por sí, sino porque los jugadores de golf así lo exigen. De los 446 campos de golf que hay en toda España, la Comunidad de Madrid tiene en su haber 34.

Jugadores y patos en perfecta armonía

El equilibrio entre nuevos campos de golf y el respeto al medio ambiente es tan importante no sólo por ser este respeto un valor de por sí, sino porque los jugadores de golf así lo exigen.


De los 446 campos de golf que hay en toda España, la Comunidad de Madrid tiene en su haber 34.


A nadie se le escapa que el apreciable aumento en el número de licencias de los últimos treinta años se explica necesariamente, al margen de otras consideraciones, por el mayor número de campos de golf donde practicarlo. 


Actualmente España cuenta con 446 campos de golf, además de campos rústicos, canchas de prácticas y clubes sin campo. La Comunidad de Madrid tiene del total 34 campos de golf.


La construcción de canchas de prácticas y de campos cortos de enseñanza- muchos de ellos ya en marcha gracias a la iniciativa pública- es la nueva tendencia antes de que la senda del crecimiento de campos largos de golf se vuelva a emprender.


El equilibrio entre nuevos campos de golf y el respeto al medio ambiente es tan importante no sólo por ser este respeto un valor de por sí, sino porque los jugadores de golf así lo exigen.


La protección del medio ambiente constituye una necesidad social y un derecho de todos a disfrutarlo, de acuerdo con el artículo 45 de la Constitución española, por eso es necesario desarrollar un marco legislativo que contribuya a mejorar la calidad de vida y proporciona un instrumento para el mejor aprovechamiento de los recursos naturales. 


Un campo de golf debe servir principalmente para jugar al golf, pero es un deporte flexible que sí es gestionado adecuadamente desde el principio no debe suponer una agresión al entorno, sino todo lo contrario, permite intervenir en el medio preservando lo bueno y restaurando lo degradado.


La construcción de campos de golf es una actividad considerada potencialmente negativa sobre el medio ambiente, pero la realidad es otra muy distinta.


No se trata de justificar la construcción de campos en áreas donde el sentido común dicta que se comete una atrocidad medioambiental, pero si se trata de matizar o cambiar las razones que llevan a muchos a decir “no” al golf sistemáticamente.


En primer lugar, la elección de la finca donde se ubica el campo de golf se hace bajo criterios ambientales, es decir, se seleccionan fincas (normalmente de tradición agrícola) en desuso, que se encuentran con alto grado de antropización y bajo síntomas de degradación. Con ello se consigue que el impacto debido a la ocupación de suelo se minimice, por la escasa calidad del suelo ocupado. Por otra parte, la vegetación natural que suele existir en estas fincas es escasa y no solo no se elimina para la ejecución de la obra, sino que se mejora.


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