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Energía de la buena

El golf pasa de ser un simple deporte a ser un fenómeno cósmico. El golfista no es más que un canal de transformación. Tomamos la energía de la tierra a través de los pies, la pasamos por el cuerpo y la liberamos en una pequeña bola de 42 gramos que sale disparada hacia el cielo de Madrid.

Celebrando su buen juego en el pasado Interescolar

La energía no se crea, ni se destruye, solo se transforma. Es el principio de conservación de la energía, establecido como la primera ley de la termodinámica. Significa que en un sistema aislado, la cantidad total de energía permanece constante, cambiando de una forma a otra (como eléctrica a calorífica).
Esta es una de las leyes más bellas de la física, pero también una de las más poéticas cuando la aplicamos a la vida y, por supuesto, al golf. La energía no puede aparecer de la nada ni desvanecerse en el vacío; solo cambia de forma (de cinética a potencial, de eléctrica a térmica, etc.).

Para que esa energía sea "de la buena" y no se disipe en un shank o un socket, el proceso debe ser fluido:

Cuando estás en el tee del 1, la energía no nace del palo. Es energía química (lo que has desayunado) transformada en energía mecánica por tus músculos. Al subir el palo, creas energía potencial, y al bajarlo, en energía cinética. Aquí la física no perdona; si hay tensión negativa (enfado o prisa), la energía se ensucia.

En el momento del impacto, parte de esa energía se transfiere a la bola, otra parte se convierte en sonido (ese clac que tanto te gusta), una onda de presión. Es la prueba de que la energía ha encontrado su camino. Un sonido limpio es sinónimo de una transformación eficiente.

La energía del golpe sigue vibrando en el aire y en la tierra mucho después de que la bola se detenga.
Y la energía sigue vibrando, en el aire alterando las moléculas de oxígeno del campo, en la hierba, ya que la vibración del impacto viaja por las raíces de pinos y encinas. Y en ti; la satisfacción de un buen golpe se transforma en energía emocional (optimismo) que te dura hasta el siguiente hoyo, o hasta el lunes en la oficina.
Quizás la energía más poderosa en el campo no es la del impacto, sino la energía cinética del caminar. Esos 10 kilómetros recorridos transforman el estrés de la ciudad en la paz que solo un pulmón verde puede devolverte. Nada se destruye, el estrés de la oficina se transforma en el cansancio gratificante del hoyo 18.
El viaje de tu propia energía.

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