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El golf y su impacto positivo con la fauna y flora

Jugar al golf es muy poco agresivo con la fauna que rodea su entorno, los golfistas pasean tranquilamente por el campo, sin ruido y sin perturbar la actividad de los seres vivos que por allí moran. Desde siempre, el golf ha sellado una alianza de fuego con la naturaleza y muchas veces se presentan ocasiones particulares con animales en pleno juego.

Jugar al golf es muy poco agresivo para el medio ambiente, los golfistas pasean tranquilamente por el campo, sin ruido y sin perturbar la actividad de los seres vivos que por allí moran.

Desde siempre, el golf ha sellado una alianza de fuego con la naturaleza y muchas veces se presentan ocasiones particulares con animales en pleno juego.

En muchos campos de golf, esperar a que salga de la zona de juego uno o varios animales es algo frecuente, que lejos de ser molesto para cualquiera de las partes, es un aliciente más para los jugadores observar de cerca y sin dificultad a determinadas especies que de otra forma jamás verían.

Para la gran mayoría de deportes esta relación de incompatibilidad de presencia con el resto de los seres vivos es una realidad palpable. Suele ser un hecho inaudito que deportista y animal se crucen. Incluso en actividades tan “ecológicas” como el senderismo, los seres vivos con los que nos podamos tropezar no tienen la certeza de que aquellos transeúntes eventuales vayan a respetarlos, por lo que mantienen las distancias de seguridad.

De hecho, en los campos de golf se puede producir la situación contraria y ser el jugador el agredido bien por un pato que defiende su territorio cerca del lago, por un enjambre de abejas, ardillas juguetonas, tortugas, gaviotas y un sin fin de "anécdotas animales".

Muchos de los recorridos madrileños han sido “visitados” por jabalíes, que han hozado felices por greenes y calles, pero han sido poco cuidadosos con las chuletas y piques que han dejado atrás.

En Kenia, la hierba y los greenes son excelentes, pero existen algunos problemas, como los leones o leopardos, que se apostan en las zonas boscosas esperando a los cándidos golfistas.

En muchos campos de golf de Florida, día sí y día también, los caimanes campan a sus anchas en los greenes y lagos del recorrido.

Pese a todo la convivencia humana y animal en los campos de golf es una realidad.

 

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