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El golf iguala a todos, incluso a Al Capone

Es curioso cómo el golf iguala a todos: desde un santo hasta un gánster, todos sufren igual cuando la bola no entra en el hoyo. En un mundo donde Al Capone compraba jueces y policías, el golf fue el único que nunca aceptó sus sobornos. Su hándicap se mantuvo fiel a la realidad: jamás bajó de los 100 golpes.

Al Capone, gran aficionado al golf

El golf es el único juez al que no se puede sobornar. Al Capone, el gángster y contrabandista más escurridizo de la justicia y que dominaba Chicago con mano de hierro, le fascinaba jugar al golf, pero jamás logró hacer una puntuación por debajo de 100 golpes. 
Ese contraste entre la brutalidad de su "oficio" y la etiqueta pausada del golf, es casi poético en Al Capone, un hombre brutal y que, sin embargo, nunca pudo bajar de los 100 golpes. Es la prueba definitiva de que el golf es el gran ecualizador; en el tee del 1, el poder de la calle no sirve de nada.
Alphonse Gabriel “Al” Capone, hijo de inmigrantes italianos, nació en Brooklyn, Nueva York, el 17 de enero de 1899. Fue uno de los más “afamados” gangsters que alcanzó su cénit durante la era de la Ley Seca como uno de los co-fundadores y jefe de la mafia de Chicago. Otros le tenían por un Robin Hood moderno que realizaba gran cantidad de donaciones y donde iba lo aplaudían. Amado y odiado a partes iguales, se aficionó al golf para siempre en Burnham Woods.

El golf era su deporte favorito porque era un desafío físico y mental, su pasatiempo preferido de relax “disparando” a todas las direcciones del campo de golf. No se separaba de su revólver y sus guardaespaldas solían llevar bolsas de golf que pesaban el doble de lo normal, y no precisamente por llevar palos de repuesto, sino por el arsenal que escondían.
Una mañana de 1928, en el campo de Burnham Woods, cerca de Chicago, tuvo una jornada accidentada. Siempre llevaba en la bolsa un revólver cargado y al llegar al tee del 3, la pistola se disparó hiriéndole en el pie. Se dice que cuando Capone jugaba en Burnham Woods, no solía haber mucha gente cerca por "respeto” (o pánico), lo que le permitía disfrutar de una paz que no tenía en la ciudad. Probablemente se debía a que nadie se atrevía a pedirle paso o a quejarse de su juego lento.

Al Capone hizo un viaje secreto a Escocia. Resulta casi cinematográfico imaginarlo haciendo un viaje secreto a la cuna del golf en Escocia, mezclando el contrabando de whisky durante los años de la ley seca, con la peregrinación al templo del deporte que tanto amaba.

Después de varios años de persecución policial infructuosa, y ante la falta de pruebas, fue detenido finalmente por evasión de impuestos y, en el año 1931, condenado a once años de prisión. Ingresó en la cárcel de Atlanta en 1932, y en 1934 fue trasladado al centro penitenciario de Alcatraz.

Habiendo cumplido ocho años de condena, se le concedió la libertad condicional: su deterioro mental y físico era ya considerable, al parecer a causa de la sífilis. Tras pasar un tiempo ingresado en el hospital, se retiró a su mansión de Miami Beach, donde residió hasta el final de sus días. Al final, el golf en su mansión de Florida fue de las pocas cosas que le acompañaron hasta el final.

La grandeza del golf que apasiona a buenos y a malos.



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