Es curioso cómo el golf iguala a todos: desde un santo hasta un gánster, todos sufren igual cuando la bola no entra en el hoyo. En un mundo donde Al Capone compraba jueces y policías, el golf fue el único que nunca aceptó sus sobornos. Su hándicap se mantuvo fiel a la realidad: jamás bajó de los 100 golpes.
Al Capone, gran aficionado al golf
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