El abuso de jugar al golf rodeado de paisajes que propician una conexión espiritual, paseos de casi 10 kilómetros (si se juegan 18 hoyos), el olor a hierba fresca, la brisa, la fauna, donde el silencio envuelve nuestro juego, puede hacerse crónico y compulsivo.
Rellenando tarjetas
Cuando el golf se vive con tanta pasión, se disfruta aún más.
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