El comandante del Apolo 14 tenía una pasión y esa pasión era jugar al golf. Era hándicap 8 y protagonizó el golpe más famoso de golf. A finales de enero de 1971, se lanzaba al espacio el Apolo 14. Aquella misión volvía a captar la atención del público mundial después del accidente del Apolo 13. Y ocurrió la mejor anécdota de todas las que ocurrieron durante las misiones lunares del Programa Apolo…
El comandante del Apolo 14 tenía una pasión y esa pasión era jugar al golf. Era hándicap 8 y protagonizó el golpe más famoso de golf.
A finales de enero de 1971, se lanzaba al espacio el Apolo 14. Aquella misión volvía a captar la atención del público mundial después del accidente del Apolo 13. Y ocurrió la mejor anécdota de todas las que ocurrieron durante las misiones lunares del Programa Apolo…
Por la limitación de peso que imponía la NASA, no se podían llevar cosas innecesarias dentro del módulo lunar. Pero Alan Shepard, el comandante de la misión tenía una pasión y esa pasión era jugar al golf.
Antes de viajar a La Luna, construyó un palo de golf con uno de los mangos de las herramientas que llevaban para recoger rocas y piedras lunares y le acopló una cabeza de un hierro 6 en el más estricto de los secretos.
La cabeza del palo pudo esconderla en el envase de uno de los experimentos que iban a dejar en la Luna y las bolas de golf dentro de un calcetín.
Después de un paseo de cuatro horas y media por la superficie lunar, Shepard sacó de su traje espacial el palo de golf. Se colocó delante de la cámara de televisión y saludó a millones de personas que le estaban viendo en directo.
Les dijo que, como podían reconocer, en una de sus manos llevaba un auténtico hierro 6 y en la mano izquierda una bola de golf. Dado que el traje era demasiado rígido no podría golpear la bola agarrando el palo con las dos manos, así que intentaría golpearla como si estuviera en el bunker de un campo de golf.
El primer golpe no fue muy bueno, sólo recorrió 40 metros. Sacó una segunda bola y lo intentó de nuevo, esta vez mucho mejor, por lo que afirmó exuberantemente aquello de “Millas y millas y millas”.
La bola, bajo los efectos de la baja gravedad lunar, voló una distancia de entre 180 y 370 metros.
Cuando regresaron a la Tierra, Shepard donó el palo de golf al Museo de la Asociación Norteamericana de golf en Nueva Jersey y fue condecorado con la Medalla al mérito de golf.
La acción de Alan Shepard le valió “una reprimenda” desde St. Andrews. El motivo es que hay una regla de etiqueta que dice que después de golpear una bola desde dentro del bunker, hay que rastrillar y alisar las marcas dejadas en la arena, cosa que el genial astronauta no hizo en aquel momento.
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